Amalajer. Asociación Malagueña de Jugadores de Azar en Rehabilitación

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El presidente del parlamento andaluz D. Juan Pablo Durán en su discurso de inaguración de las Jornadas de Regulación Audiovisual en una sociedad democrática ha dedicado varios minutos de su exposición para mostrar su posición contraria a la publicidad de los juegos de azar.

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fuente: elespanol.com

  • Violentos prestamistas, tráfico de drogas para pago de deudas... La cara oculta del boyante negocio de las apuestas deportivas y los salones de juegos.
  • "He dejado de acompañar a mi madre a una sesión de quimioterapia por apostar", dice Alejandro.
  • EL ESPAÑOL presencia una terapia de nuevos ludópatas: algunos cayeron en la adicción con 16 o 17 años.

Francisco Abad, presidente de la Federación Andaluza de Jugadores de Azar Rehabilitados.

Alejandro tenía 16 años. Camino de vuelta a casa, paró en un salón de juegos y probó suerte en una de tantas máquinas de ruleta electrónica que había allí.

Aquel día sacó unos cuantos euros de ganancias. Luego vinieron las cartas y el casino. A los 18, siendo ya ludópata, el chico se abrió una cuenta en una casa de apuestas deportivas por internet.

“Yo he sido un hijo de puta por mi adicción. He dejado de acompañar a mi madre a una sesión de quimioterapia por apostar. Ha muerto el padre de un amigo y no me he presentado a darle el pésame. Ha llegado el cumpleaños de mi novia y no me he acordado siquiera de felicitarle. El juego te quita la libertad. Mi vida era una mentira para poder seguir jugando”.

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fuente:Patricia Peyró. The luxonomist.com

A las amenazas más conocidas de Internet se suma ahora la tentación de las apuestas deportivas, que ya es un problema más que incipiente.

Hace pocos días desde el plan PrevenGO de la Fundación Piquer, en Zaragoza, convocó una conferencia con mesa redonda posterior sobre la que parece ser la última amenaza cuya sombra asoma por cualquiera de nuestros hogares. Se trata de las apuestas deportivas, muchas veces online; una forma de ludopatía que está cobrando cada vez más fuerza no solo entre los adultos, sino también entre los niños en edad escolar. Así lo expresaron los expertos de dicha ponencia y las cifras son verdaderamente alarmantes.

Desde la AZAJER (Asociación Aragonesa de Jugadores de Azar en Rehabilitación) advierten que los jóvenes y adolescentes han creado en las apuestas deportivas una forma de integración en su grupo de iguales y no son conscientes de las consecuencias que el juego patológico puede acarrear. A ello contribuye la participación de deportistas de élite en campañas publicitarias sobre las apuestas deportivas. El psicólogo Sergio Lázaro Montguilod y la trabajadora social Mónica Sardaña Arnal, miembros de esta entidad, así lo aseguran: “Se observa que en anuncios de casas de apuestas aparecen personajes públicos como Cristiano Ronaldo, Ronaldo, Neymar o Rafa Nadal, personajes que fomentan las expectativas de éxito social y económico que todos los jóvenes buscan”.

Así engañan a los niños
Una vez la publicidad ha llamado la atención del niño, existe una forma de engancharlo, permitiéndole jugar las primeras apuestas gratis. “Estas empresas de apuestas ofrecen bonos de bienvenida, siendo el mayor del mercado en estos momentos de hasta 350€. Una vez juegan, hayan ganado o perdido (lo cual se sabe en muy poco tiempo) les ofrecen rápidamente la opción de volver a apostar para seguir ganando o para recuperar lo perdido”, manifiestan los expertos. A partir de ahí el enganche es muy rápido. “El efecto es instantáneo, y el periodo entre la apuesta y el premio es cada vez menor. Es similar a la cocaína o cualquier droga con la que obtienes una recompensa casi inmediata. Además, el hecho de poder hacer las apuestas online está provocando que el efecto sea mucho más rápido que hace años”.

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Asistiendo más de 400 personas, jugadores y jugadoras, familiares, padres y madres, agentes sociales, profesionales de la psicología, del trabajo social, de la educación social, de la investigación, docentes de universidades,… realizamos las siguientes reflexiones que queremos compartir con la sociedad.

Una realidad del juego en nuestro país es la compartida por todos los sectores de nuestra sociedad, eso sí, cada parte con su valoración particular, con un aumento significativo de la implantación de esta actividad, tanto en su modalidad online, como off-line o presencial.

Las cifras de negocio, de beneficios, de instalación de lugares de juego, del gasto en publicidad, de múltiples variables de esta actividad, son incuestionables y reconocidas por las propias administraciones, que entendemos tienen carácter oficial, y por lo tanto se le presume objetividad.
Si estas cifras tienen este carácter, no se puede negar la penetración social que el juego de azar tiene en la población en general, y es incuestionable que todos estos estímulos inciden, de una manera directa, en el aumento de personas afectadas por trastorno de juego.

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No están tan acostumbrados en el salón de plenos a que venga alguien y desnude sus sentimientos en el más estricto sentido de la palabra, y los haga pasar por el episodio tormentoso por el que él mismo ha pasado. Cuando uno lo escucha de primera mano se da cuenta de lo vulnerables que se puede llegar a ser en algunos momentos de debilidad y entonces es cuando se entiende por qué las personas caen por algunos precipicios en vida. Es la propia historia que Alejandro T., la misma que contó en la comisión de Derechos. No están tan acostumbrados en el salón de plenos a que venga alguien y desnude sus sentimientos en el más estricto sentido de la palabra, y los haga pasar por el episodio tormentoso por el que él mismo ha pasado. Cuando uno lo escucha de primera mano se da cuenta de lo vulnerables que se puede llegar a ser en algunos momentos de debilidad y entonces es cuando se entiende por qué las personas caen por algunos precipicios en vida. Es la propia historia que Alejandro T., la misma que contó en la comisión de Derechos Sociales gracias a una moción que defendía el concejal no adscrito, ungido por Podemos, Juanjo Espinosa.

«Buenas tardes. Mi nombre es Alejandro T. Tengo 21 años y soy jugador en rehabilitación. Comencé a tontear con el juego cuando tenía 16 años. La falta de control de menores en los salones de juego facilitó a mi enfermedad apoderarse de mí antes de cumplir la mayoría de edad. Fue muy sencillo caer en el pozo del juego. En primer lugar, porque la mayoría de los jóvenes que conocía también jugaban; y en segundo lugar por la gran cantidad de locales que existen en la provincia de Málaga para realizar esta actividad. Conforme pasaron los meses, mi vida empezó a cambiar. Fracasé estrepitosamente en mi primer año de carrera, contraje problemas económicos que no podía afrontar y sufrí un trastorno de ansiedad e impulsividad que no me dejaba llevar una vida normal y diariamente hacía daño a mi familia. Empecé a darme cuenta de una sola cosa: que cada vez que entraba en un salón de juego, ya fuera a jugar con máquinas de azar o a apuestas deportivas perdía un poco más el rumbo de mi vida y el cariño de mi familia. Los salones de juego serán tus amigos, siempre y cuando lleves una buena cantidad de dinero en el bolsillo para gastar, fumarás tabaco dentro y beberás todas las copas que te apetezca sin necesidad de abonarlas. Los empleados te aplaudirán cuando ganes un buen premio y te harán sentir lo más cómodo posible, pero nunca te advertirán del peligro de todo lo que estás haciendo. Nunca nadie me informó dentro de los salones de juego que yo podía padecer esta enfermedad y que jugar de forma compulsiva me podía llevar a la ruina. Incluso puedo afirmar que se me incitó a jugar dentro de ellos. No es normal que cuando entres a un salón de juego la mayoría de las personas que se encuentren enfrente de las máquinas sean jóvenes, que los menores de edad tengan capacidad de entrar. O que el deporte y el juego empiecen a caminar de la mano por medio de la publicidad. Mi experiencia me ha enseñado que todo esto es más grave de lo que parece. Que esta enfermedad no sólo afecta al que la sufre sino a todos aquellos que se encuentran alrededor del jugador. Yo, por encima de ser jugador, soy hijo, soy hermano, soy pareja y soy amigo. Pero hoy soy yo, mañana pueden ser vuestros hijos, vuestros hermanos, vuestra pareja o vuestros amigos los que se encuentren en la misma situación y quizás cuando nos demos cuenta del problema sea demasiado tarde».

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