Amalajer. Asociación Malagueña de Jugadores de Azar en Rehabilitación

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fuente: lavanguardia.es 

Un joven valenciano, que se quedó sin empresa por los juegos de azar, lucha ahora para acabar con la publicidad

Comprender. Es lo primero. La ludopatía empieza como todo, casi sin darte cuenta. Lo pruebas un día y no va mal. La famosa suerte del principiante parece que es verdad e incluso ganas. Y viene una segunda vez, también con premio. Y piensas, ‘en una semana he hecho más dinero que en un mes de trabajo...¡a seguir!’ Te sientes tocado por la varita de la suerte... Cuando quieres darte cuenta, estás de deudas hasta arriba, has perdido tu empresa y, lo peor de todo, no te reconoces, no sabes ni quién eres. Entonces sólo ves una salida... Subir a la azotea y...”.

Rafael Gorgues, de 32 años, diplomado en Gestión y Administración Pública, era un chico normal, con sus amigos, su fútbol, sus salidas en su pueblo, Llíria, próximo a València. El único juego que existía era el de su València. Hasta que un día, en una quedada para ver un partido, a alguien se le ocurrió apostar. “Era la Copa de la UEFA y el Valencia jugaba contra el Ludogorets. Me jugué un euro a que iba a meter Barragán, que hasta entonces no había marcado un gol en primera... ¿Sabes quién metió? Sí, Barragán. Gané 59 euros. ¡Ojalá hubiera perdido esa primera apuesta!”.

La siguiente vez que apostó fue en otro partido del Valencia. El equipo perdía 3-0 y Rafa apostó 5 euros, no sólo a que el Valencia remontaría, sino que Paco Alcacer metería los tres... Sí, ganó. 1.200 euros.

“¿No se dan cuenta de todas las vidas que está destrozando el juego? Yo tuve apoyo, muchos otros no”

“Entonces te crees el puto amo. Con todas las palabras. ¿Para qué trabajar 8 o 10 horas si en poco tiempo ganas más?”. Y se registró en alguna de las miles de páginas de apuestas que proliferan en internet. Hacía entre una y dos apuestas al día. Unas veces ganaba, otras perdía. Pero daba igual ganar, porque invertía en la siguiente apuesta y lo perdía...Un día, otro, un mes y otro. Nadie se daba cuenta, ni sus padres, con los que vivía. “Aprendes a mentir, vives mintiendo. Todo vale para jugar”.

Pero todo se estaba desmoronando a su alrededor. Rafa cogía el dinero que le daban sus clientes para pagar a Hacienda y seguir jugando y, claro, llegó el momento que nada se sostuvo. “Antes o después, las mentiras se vuelven contra ti”, recuerda.

Hasta que un día se vio apostando de madrugada los 500 euros que le quedaban en un partido de tenis de mesa. “¡No conocía ni a los que jugaban! Y entonces fue cuando me vi, cuando me pregunté qué he hecho. Salí de mi casa y subí a la azotea para tirarme. Era la única manera de esquivar todo”.

Pero no lo hizo. “En el último segundo pensé en mis padres, ajenos a todo. Me los imaginé tras mi muerte, destrozados, sin entender nada. Soy hijo único, nacido tras cuatro abortos...No les podía hacer eso”.

Bajó de nuevo a su casa y habló con ellos. Les contó todo, que era ludópata, que había perdido la empresa, que tenía deudas... Los padres respondieron como sólo hacen los padres. Cogieron los ahorros y pidieron un préstamo de casi 25.000 euros que todavía siguen pagando. Eso sí, había que buscar ayuda y cumplir las pautas que marcaran los profesionales.

De eso hace ya tres años. “Lo he pasado fatal, la verdad, fatal. Es muy duro superarlo, salir sin un euro de casa para no tener la tentación, y si llevas un euro y te lo gastas, pides el ticket para demostrar el gasto, no tener acceso a internet, llevar un móvil sólo para llamar...”. Rafa hizo todo lo que le dijeron y sigue haciéndolo aunque ya no está bajo supervisión. “Soy consciente de que esa parte de mi está ahí, que la ludopatía no se cura. Pero la controlo. No pienso dejar que salga, no quiero volver a pasar por todo lo anterior”.

Y una de las vías que ha encontrado es luchando contra el bombardeo masivo de publicidad de apuestas. “No se puede permitir, esto debe acabar como se terminó con la del tabaco y el alcohol. ¿No se dan cuenta de todas las vidas que está destrozando el juego? Yo tuve apoyo; muchos otros, no”.

350.000 menores de 35 años ludópatas

“Estoy aquí para contarlo, pero no todo el mundo sale vivo de la ludopatía. Esta adicción está provocando en España cientos de suicidios. Porque no todo el mundo tiene la ayuda externa que tuve yo. Por eso, porque sé lo importante que es tomar medidas a tiempo, me he prometido que voy a hacer lo posible por luchar contra lo que me ha hecho tanto daño y que está destrozando a tantas personas y familias”. Rafa Gorgues ha puesto en marcha una campaña en change.org pidiendo al Gobierno que apruebe de una vez el decreto que regule la publicidad de las apuestas deportivas, un borrador que lleva largos meses en un cajón del Ministerio de Hacienda. El Gobierno se ha comprometido a aprobarla en breve, pero sigue en el cajón. Gorgues recuerda que la ludopatía es una adicción tan brutal como las drogas. “Está destrozando a cientos de familias y afecta ya a 350.000 jóvenes menores de 35 años en nuestro país”, dice.