Amalajer. Asociación Malagueña de Jugadores de Azar en Rehabilitación

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"Siempre estamos delegando" "¿Nadie aquí es responsable de sus actos? ¿Nadie?", ha criticado el consejero de Educación y Deporte, Javier Imbroda.

El consejero de Educación y Deporte de la Junta de Andalucía, Javier Imbroda, ha defendido este jueves en el Parlamento que la administración autonómica está “luchando” contra las conductas adictivas como la ludopatía con un programa en el que participan “más de 2.080 centros educativos, con más de 900.000 alumnos y que se ofertará de nuevo el próximo curso”.

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El ministro de Consumo, Alberto Garzón, ha instado a las comunidades autónomas a ser "rigurosas" en los cambios normativos necesarios para frenar la expansión de los establecimientos destinados al juego de azar y apuestas.

Garzón se ha referido de forma especial a la Junta de Andalucía, a la que ha pedido que "permita" a los ayuntamientos modificar sus Planes Generales de Ordenación Urbana (PGOU) para establecer distancias entre los centros educativos y las casas de apuestas. El ministro ha señalado que, en este momento, varios consistorios andaluces, como el de Málaga o el de Cádiz, se encuentran con un litigio jurídico con la Junta de Andalucía para poder proteger a sus vecinos.

Durante su visita a Sevilla para mantener encuentros con asociaciones andaluzas de jugadores de azar rehabilitados, el responsable de Consumo también ha expresado su preocupación por que el gobierno autonómico esté siendo laxo en materia fiscal con los operadores del juego, aprobando bonificaciones contrarias a la línea de trabajo emprendida por la mayoría de comunidades autónomas.

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fuente: larazon.es

Silvia estuvo cuatro años enganchada al juego en el salón de apuestas de su barrio, donde en 48 horas se fundía el sueldo del mes

ilvia tuvo la mala suerte de acertar un pleno en la ruleta con 22 años. No recuerda cuál fue el número al que apostó, pero aquella cifra le abrió la puerta del infierno. Hoy, con 30 recién cumplidos, puede hablar de su adicción al juego con la serenidad de quien sabe que nunca estará curada del todo. Es curioso cómo un sitio al que nunca prestó atención, que solo era parte de su paisaje diario, pasó a ser su casa y su calvario. La sala de apuestas está a pocos metros de donde vive, al otro lado del parque. Es uno de esos casinos urbanos que han crecido sin control en todas las ciudades españolas en los últimos años. Sobre todo, en barrios de clase media y baja. Cuenta Silvia (nombre ficticio para preservar su identidad) que en estos locales te invitan al café, al refresco o a la bebida alcohólica que prefieras con tal de que te quedes. Ella empezó a ir de manera esporádica, “no te vuelves ludópata de la noche a la mañana”, pero notaba que aquello le tiraba mucho y sabía que “cuando empezara a ir sola iba a tener un problema”.

Aquel momento llegó pronto y fue como había profetizado: “Un día iba a clase y llevaba dinero suelto. Entré a tomar un café sobre las tres de la tarde y nunca llegué al curso. Eché, me tocó y estuve ahí metida hasta las once y media de la noche”. Volvió a tener otro golpe de mala fortuna porque salió con dinero después de ocho horas “dale que te pego”. Se llevó cien euros y el convencimiento de que “madre mía, ganar era muy fácil”. La adicción le duró varios años, dos de ellos fueron muy malos. Cada primero de mes cobraba su sueldo, apenas 900 euros que le duraban entre dos y tres días. Después, hacía lo que hiciera falta para lograr algo para fundírselo. “Era la reina de la mentira, estafaba hasta al apuntador”, recuerda a través del teléfono. Cuando sus padres se despistaban, les abría la cartera “y si había dos billetes de 20 me llevaba uno”. O les cogía varias monedas de dos euros que les gustaba ahorrar, o le abría la hucha a su hermano.

La vergüenza no conseguía quitársela de encima. “Entraba en el salón mirando a todos lados para comprobar que nadie me veía, es que estaba en mi barrio”, continúa. Se fue alejando paulatinamente de la gente de su entorno, nunca tenía dinero “para salir de fiesta o ir a cenar con mis amigos”. Todo iba a al mismo sitio y con la misma gente. Silvia dice que los otros jugadores pasaron a ser su familia. Incluso había camareros con el mismo problema que le daban dinero para que apostara por ellos porque lo tenían prohibido. Muchas noches, cuando bajaban la persiana a las tres de la madrugada, se quedaban dentro y salían de día. “Me cruzaba con los que volvían de fiesta o los que iban a trabajar”, rememora. Más culpa y más remordimientos: “Te sientes como una mierda. En el local tenían un datáfono para que pudieras ir sacando dinero con tu tarjeta. De 50 en 50, de pronto mirabas y te quedaban cien euros. Entonces, me decía a misma que no iba a volver a jugar porque a ver cómo pagaba el teléfono”.

"Silvia" da la espalda a la sala de juego de su barrio donde se dejaba el sueldo
"Silvia" da la espalda a la sala de juego de su barrio donde se dejaba el sueldo SANDRA R. POVEDALA RAZÓN

En su casa no sabían nada. Su madre sospechaba de las drogas por su comportamiento errático y sus cambios de humor. A ella le daba pánico que se enteraran, así que les esquivaba lo que podía. Este círculo vicioso y maldito se rompió de pronto, gracias a un comentario de una camarera: “Hubo una tarde en que a una de las chicas se le escapó, entre risas, que el carnicero había firmado el autoprohibido para que le impidieran entrar”. Silvia no sabía lo que era aquello, pero se le entreabrió una rendija por la que iba a entrar la curación. Mientras cuenta su historia a este periódico, le acompaña una amiga que fue su primera cómplice para salir del agujero. Fue ella la que la llevó de la mano a la sede del Ayuntamiento que gestionaba esos vetos autoimpuestos.

Aunque ella solo jugaba a la ruleta, “que fue mi perdición”, firmó todos los tipos de apuesta que venían en aquel formulario. Por si las moscas. Se suponía que en tres días entraría en vigor y se le prohibiría la entrada a cualquier sala de juegos de azar. Informó en su local habitual de lo que había hecho y obtuvo la respuesta propia de un negocio que vive de la miseria de la gente: “Uy, eso tarda semanas, vente mañana y pruebas”. No lo hizo. Se mantuvo firme y muy ocupada y esa misma semana contó en casa lo que le sucedía. No se lo podían creer.

A esas alturas Silvia estaba diagnosticada ya con depresión y le habían recetado medicación y la baja laboral. Su ánimo estaba carcomido por la pulsión del juego y su rendimiento en el trabajo se había resentido. El fin de semana de la gran confesión a su madre contó con el apoyo de su tía: “Fue un domingo, el 20 de abril de 2018. Mi tía le sirvió un cubata a mi madre y se puso otro ella. Y yo con mi tila. Me lie a llorar sin parar cuando se lo iba contando. Se quedó en shock”.

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El diputado Fernández Ríos intervino en el debate acerca de la solicitud del 0,9% de los impuestos recaudados del juego para la rehabilitación de los ludópatas que genera.

La proliferación de las apuestas deportivas hace cada vez más necesario reforzar la protección de colectivos especialmente vulnerables frente al juego.

La Unidad de Policía Adscrita a la Comunidad Autónoma de Andalucía llevó a cabo durante los pasados 21, 22 y 23 de abril una campaña de control de casas de apuestas y salones de juego en cada una de las ocho provincias andaluzas. En el caso de Málaga,  se inspeccionaron 70 locales, se identificaron 254 personas y se tramitaron 45 propuestas de sanción.

Según ha explicado en una nota la Junta de Andalucía, la proliferación de las apuestas deportivas y el incremento de establecimientos dedicados a estas actividades hace cada vez más necesario reforzar la protección de colectivos especialmente vulnerables frente al juego.

El dispositivo se centró especialmente en la detección en el interior de estos establecimientos tanto de menores como de personas inscritas en el Registro de Interdicciones de Acceso (Registro de prohibidos), así como otras posibles infracciones. Además, se prestó especial atención al cumplimiento de las medidas sanitarias por el Covid-19 por parte del personal y de los usuarios que frecuentan este tipo de establecimientos públicos.

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