Amalajer. Asociación Malagueña de Jugadores de Azar en Rehabilitación

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fuente: elpais.com

El hospital madrileño cuenta con el primer centro público para la prevención, tratamiento e investigación de las dependencias “sin sustancias”

Equipo adicciones tecnológicas del Hospital Gregorio Marañón

No es lo mismo sacar el móvil para deslizar de forma compulsiva entre una aplicación y otra mientras se espera el metro que sufrir un ataque de ansiedad cuando se queda sin batería o conexión a internet. Tampoco se puede comparar jugar hasta tarde a los videojuegos con pasar de comer y ducharse por la imposibilidad de dejar un partido sin terminar. En un caso, se trata de personas que han desarrollado un vínculo intenso a actividades que les dan placer y a las que no quieren renunciar. En el otro, hablamos de pura adicción: no es que no quieran dejarlo, es que no pueden.

“El problema es que a día de hoy la gente llama ‘adicción’ a cualquier cosa, pero es mucho más complejo. Si sacas el móvil y te pones a mirar la pantalla mientras hablas con otra persona, no eres adicto, simplemente eres un maleducado”, sentencia Francisco Ferre Navarrete, director de la clínica AdCom, el primer centro público para la prevención, tratamiento e investigación en adicciones comportamentales en el instituto de Psiquiatría y Salud Mental del hospital Gregorio Marañón, que abrió sus puertas el pasado 26 de julio. Tras su primera semana de actividad, ya cuenta con 15 pacientes —el 75% de las personas que participaron en el primer cribado—, que van a empezar un tratamiento contras adicciones al sexo y a las apuestas en línea, y las compras compulsivas.

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Gracias al diario Malaga Hoy por darle visibilidad a esta lacra que sufren nuestra juventud

Varios de los jóvenes identificados mostraron DNI falsificados, mientras que otros enseñaron los carnés de familiares que sí son mayores.

14 años. Esa es la edad con la que los menores de edad comienzan a jugar, según establece el Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones. Se trata de una realidad palpable en la sociedad, en la que se ha detectado la presencia de estos jóvenes en salones de juego. Esto también ocurre en Málaga, donde la Policía Local ha puesto en marcha una campaña de inspecciones tras detectarse varios casos de chicos con menos de 18 años apostando en el interior de estos negocios tras falsear su identidad.

Según han indicado las fuentes consultadas por este periódico, la iniciativa comenzó hace unos meses ante la sospecha de que en estos negocios había menores de edad que entraban y realizaban apuestas. La campaña de inspección no tardó en arrojar resultados.

De esta forma, los policías locales han intervenido en varios salones de juego de la capital, ubicados en barriadas como Carretera de Cádiz, Los Guindos o Pavero. En ellos se ha sorprendido a menores de edad jugando, algo que está completamente prohibido.

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La lotería, los rascas y las quinielas son las que más demanda tienen de forma presencial, mientras que las deportivas son las que más se repiten de manera online

fuente: diariosur.es

Un 20 por ciento de los estudiantes de entre 14 y 18 años de edad confiesa haber jugado con dinero tanto de forma presencial u online. Así se desprende del último informe del Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones (OEDA) del Ministerio de Sanidad, en el que se indica que la gran mayoría de ellos son varones.

Es la realidad que vive la sociedad española, en la que el juego crece entre las adicciones digitales y se ceba con los jóvenes. De hecho, en el citado informe se refleja que la lotería, los rascas y las quinielas son las apuestas que más demanda tienen de forma presencial entre los menores, mientras que las deportivas son las que más se repiten de manera online.

El juego suele entrar en la vida de los menores como un acto de socialización. Según explica la psicóloga de la Asociación Malagueña de Jugadores de Azar en Rehabilitación (Amalajer), Raquel Castro, los jóvenes empiezan a apostar en grupo y después, mientras que unos lo dejan, otros pueden desarrollar la adicción.

Entonces llegan la irritabilidad, los cambios de humor y una bajada en el rendimiento académico o laboral, según la situación personal. Además, el juego también puede ir asociado a consumos como el alcohol o las drogas, que impulsan la pérdida del control de la persona y le empuja a jugar.

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